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jueves, 28 de julio de 2011

El pecio púnico de Mezquitilla.



A partir del siglo VIII a.C. nuestras costas andaluzas fueron escenario de un fenómeno que se conoce como colonización fenicia. A través de esta, los pueblos del extremo oriental del Mediterráneo establecieron un contacto comercial y cultural con los del sur peninsular. Empleando la navegación de cabotaje, los fenicios fueron estableciendo multitud de asentamientos que con el transcurso de los años y la buena relación con las aristocracias locales, se hicieron cada vez más estables. Todo ello conllevó a la consolidación de unas rutas comerciales costeras bien definidas. Nuestra costa no quedó exenta de este fenómeno, prueba de ello son los importantes yacimientos de Morro de Mezquitilla, necrópolis de Trayamar, los pinares y Chorreras.

Es fácil de imaginar la actividad frenética en los embarcaderos cada vez que una nave cargada de mercancías llegaba al enclave, y el ir y venir de estas.
Hace unos 2500 años, una de estas embarcaciones cargada de ánforas y otros enseres, naufragó muy cerca de nuestra costa y fue a depositar su casco con su cargamento a unos 32 metros de profundidad, en las proximidades de la desembocadura del río de Algarrobo donde quedó oculta durante siglos.

En 1986 un grupo de arqueólogos subacuáticos dieron con los restos del
pecio que había sufrido los devastadores efectos del expolio y de las redes de pesca de arrastre, consiguiendo recuperar los restos de cinco ánforas que se encontraban dispersas por la zona.

Hasta el día de hoy, el
pecio de Mezquitilla es un gran desconocido para todos y desde junio de 2009 forma parte del CGPHA como Bien de Interés Cultural con la tipología de Zona Arqueológica

sábado, 16 de abril de 2011

El yacimiento púnico de la Pancha II



Este yacimiento situado a unos 200 metros al oeste de la Pancha I corresponde a una necrópolis púnica del Siglo V a.C. aproximadamente, que tuvo su continuidad en época romana. Las primeras noticias que disponemos de este yacimiento corresponden a unas prospecciones superficiales realizadas en los años 90, donde se mencionaba la existencia de unos muros sin ligazón, de piedras irregulares de la zona. A estas estructuras se la relacionaban con restos cerámicos fenicios tardíos, así como fragmentos de cerámica campaniense que enmarcaban el yacimiento hasta momentos de la república romana (Siglos I-II a.C.).

La Excavación formal del yacimiento no se llevó a cabo hasta el año 2006, donde se realizaron alrededor de cincuenta sondeos, dando positivo solamente en uno, el más meridional de ellos. En dicho sondeo aparece una cista, estructura funeraria de carácter individual, en perfecto estado de conservación. Esta tumba es similar a las aparecidas en la necrópolis del Jardín, en Torre del Mar.


Para su construcción, se realizó una fosa excavada en la tierra donde se depositaron cinco grandes sillares de caliza finamente trabajados en su lado interior, que sirvieron como base. Sobre estos sillares y en sus bordes, colocaron otros menos gruesos, también trabajados por su lado interior, conformando una caja con unas dimensiones interiores de 55 cm. de ancho por 210 cm. de largo y 50 cm. de alto. Finalmente se rellenó la fosa y más tarde, tras el ritual, la sepultura fue sellada con otros cinco grandes sillares.


En el momento de su descubrimiento, la descolocación de uno de los sillares que tapaban la tumba y la dispersión de fragmentos de huesos y del ajuar funerario, indicaban su posterior expolio. Con la ampliación del sondeo, se pudieron documentar restos disgregados de sillares correspondientes a otras cistas, destruidas seguramente por la roturación del terreno para labores agrícolas. También se documentaron algunos ungüentarios de vidrio y fíbulas de época romana que hubieron de ser sustraídas de la cista tras el expolio. En el lado este del sondeo aparecieron una serie de tégulas amontonadas que seguramente sirvieron como cubierta a dos aguas de las tumbas de fosa típicas de la época romana.

Con estos hallazgos se puede asegurar que la necrópolis de Trayamar (S. VII a.C.) tuvo su continuidad en siglos posteriores un poco más al sur y más cercana a la costa, en la zona conocida como finca de la Pancha.



jueves, 30 de diciembre de 2010

El yacimiento de La Pancha 1



El yacimiento de La Pancha 1 se encuentra a unos 50 metros al oeste de la torre derecha y se extiende por todo el área cercana a ella. Comprende una fase de ocupación fenicia como consecuencia seguramente de la expansión industrial de Morro de Mezquitilla a finales del siglo VII a.C. Una de las actividades principales de este centro fue sin duda la producción de cerámicas.
Tras un periodo de abandono, el enclave se vuelve a urbanizar en época alto-imperial siendo sus principales económicas, la agricultura y la pesca, destacando como un centro manufacturero de los productos de la mar.

Las primeras noticias de este yacimiento se remontan a 1990 con motivo de unas prospecciones arqueológicas superficiales de urgencia llevadas a cabo en el término municipal de Algarrobo, donde se recuperaron multitud de restos cerámicos pertenecientes a época fenicio-púnica y al alto imperio romano.
No es hasta septiembre de 2003 cuando por motivos de unas obras de cimentación aparecen restos de muros e infinidad de fragmentos cerámicos, en su mayoría fenicios.
Tras la detención de las obras, meses después comenzaron los sondeos arqueológicos en el solar afectado del que solo se pudo excavar algo menos de una cuarta parte de los 3000 metros cuadrados que ocupaba la parcela. El resto había sido destruido tras los removimientos efectuados por las excavadoras.
Tras la campaña de sondeos que ocupó cuatro meses se dejó al descubierto varias estructuras pertenecientes a distintos niveles de ocupación y una cantidad importante de material cerámico.


El yacimiento de La Pancha 1 comprende 4 fases constructivas:

La primera y más antigua corresponde con restos de muros y pavimentos de guijarros muy deteriorados relacionados con estancias o habitaciones que datan de finales del siglo VII y principios del VI a.C. Asociadas a ellas se documentan platos de barniz rojo, lucernas y restos de ánforas tipo Trayamar 1 (T-1)

La fase constructiva II, vinculada al siglo VI a.C., consta de muros pertenecientes a estancias y un almacén, dotados de un finísimo pavimento de guijarros del río y lascas planas de pizarra. En dicho almacén se documentó un importante elenco de ánforas T-1 que quedaron in situ tras un derrumbe. Al sur existió un vertedero de piezas cerámicas, muchas de ellas con defecto de cocción, lo cual indica la presencia de un alfar en las inmediaciones.

La fase constructiva III coincide con el último periodo de asentamiento fenicio en la Pancha 1, finales del S. VI a.C. y corresponde con escasos restos de muros muy deteriorados a causa de la ocupación de la fase posterior.

La fase constructiva IV se inicia tras un largo abandono del lugar de casi cinco siglos, ya en época del alto imperio romano (Siglos I-II d.C.). A ella se le asigna un gran muro de mampuestos que sirvió de lindero al sur, una fosa con restos cerámicos y de cenizas; y restos de cimentaciones muy deterioradas por las acciones agrícolas posteriores. Asociada a esta fase cabe destacar la presencia de Terras Sigillatas Hispánicas, un gran dolia romano, restos de ánforas salsarias tipo Dressell y restos de anzuelos y pesas de plomo para redes.


En la actualidad, el yacimiento de La Pancha 1 se encuentra enterrado y protegido bajo un edificio próximo a la torre derecha, por lo que no se puede visitar.

lunes, 6 de diciembre de 2010

EL YACIMIENTO ARQUEOLÓGICO DEL MORRO DE MEZQUITILLA.


El yacimiento de morro de mezquitilla se encuentra en un cerro costero de unos 30 m. sobre el nivel del mar, situado en el margen izquierdo del río Algarrobo. Hacia oriente queda situado, a unos pocos centenares de metros, el yacimiento de las Chorreras y a occidente el de Trayamar.

Este yacimiento forma parte del Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz (CGPHA) desde el 11 de mayo de 2010, como Bien de Interés Cultural (BIC) y con la tipología de Zona Arqueológica ( Decreto 291/2010) gozando así de máxima protección.

Su descubrimiento se realizó allá por el año 1967, coincidiendo con la primera campaña de excavación del hipogeo nº 1 de Trayamar. Estas actuaciones fueron llevadas a cabo por el prestigioso Instituto Arqueológico Alemán de Madrid que operaba por ese entonces en los yacimientos de la desembocadura del río Vélez. Tras el descubrimiento accidental de la necrópolis, dicho Instituto llevó una intensa campaña de prospecciones sistemáticas por toda la costa y que dieron sus frutos en las ladera occidental y la terraza sur del mencionado cerro.

A la campaña de 1967 le sucedieron otras tres más: la de 1976, 1981 y 1982, quedando bien definida la fabulosa estratigrafía del Morro.

De los estudios realizados por los excavadores se desprende que dicho cerro presenta tres niveles de ocupación. El más arcaico, relacionado con los estratos más profundos, corresponde a restos de un poblado calcolítico (Edad del Cobre) de la 2ª mitad del tercer milenio antes de nuestra era. A este asentamiento se le relaciona la aparición de varios fosos y algo más de una decena de silos piriformes excavados en la roca, abundantes restos cerámicos pertenecientes a platos hondos y a vasijas de formas esféricas cerradas típicas de esta época, y multitud de hojas de piedra talladas a presión.

El segundo nivel corresponde al periodo de colonización fenicia donde se encuentran muy bien documentadas tres fases. La primera corresponde a finales del S. XI y principios del S. VIII a.C. periodo en que se comienzan a fundar las primeras colonias cananeas. En este sentido podemos presumir de tener el asentamiento fenicio más antiguo del mediterráneo occidental.

A esta fase se encuentran documentadas tres construcciones pertenecientes a edificios de grandes dimensiones y un área periférica relacionada con talleres metalúrgicos dedicados a la transformación del hierro.
La segunda transcurre desde finales del siglo VIII hasta comienzos del siglo VI a.C. A ella pertenecen restos de construcciones, arrasadas en parte en época romana y gran cantidad de material cerámico.

La tercera y última fase correspondería al periodo de decadencia fenicia entre los siglos VI y V a.C.

El último nivel de ocupación correspondería al periodo púnico (S. V-III a.C.) y romano republicano (S. II-I a.C.) a la que se le asocian restos de muros y gran afluencia de material cerámicos correspondientes a esta época.


Desde su descubrimiento el yacimiento del Morro de Mezquitilla ha sido tema de continuos estudios de investigación por parte del IAAM, pero a partir de 1982, la actividad arqueológica cesó.
En el año 2004, tras 22 años de letargo, el cerro vuelve a ser centro de atención al aparecer nuevos restos en la base del ángulo sur occidental en unas obras de cimentación. Tras las excavaciones se pudo constatar que el urbanismo del morro, debido a su crecimiento, se desplazó a la zona baja en época púnica (S. V al III a.C.) donde se efectuaron actividades industriales y comerciales hasta la época bajo Imperial Romana en el siglo II d.C.

Por último, cuatro años más tarde, en 2008 se efectuó una excavación de urgencia en una parcela a varias decenas de metros al oeste de la zona excavada en 2004. Presumiblemente se logró establecer el límite occidental del yacimiento y localizar estructuras relacionadas con el embarcadero-varadero de las embarcaciones que llegaban y partían del enclave.




lunes, 3 de mayo de 2010

LOS HIPOGEOS Nº2 Y Nº3 DE TRAYAMAR.

Las tumbas nº2 y nº3 de Trayamar también fueron hipogeos excavados en la roca al igual que la nº1 y la nº4, citadas anteriormente en otras entradas.

Estos panteones del siglo VII a.c. fueron descubiertos por casualidad en el otoño de 1965, en el mismo cerro donde se ubicó el hipogeo nº4, mientras se realizaban labores de abancalamiento en la finca. Por desgracia para todos, estos trabajos continuaron y las tumbas fueron destruidas sin que previamente fueran estudiadas. Sin embargo, algunas personas presentes en este atentado contra el patrimonio, pudieron realizar algunos someros croquis y rescatar importantes piezas pertenecientes al ajuar funerario.

La tumba nº2 se situó en la misma cumbre que la nº4, a unos 20 metros al sur de esta. Tenía planta rectangular y al igual que las restantes, se construyó con hileras de sillares de piedra caliza muy finamente trabajadas por su lado interior. Las medidas fueron de unos 3,80 m. por 2 m. La altura de la cámara seguramente alcanzó los 2 m. Tenía una orientación este-oeste y la puerta de acceso se abría en el centro de su muro este

El conjunto de objetos funerarios que se pudieron extraer de la tumba estaba formado por dos hermosos vasos de alabastro, uno de forma globular y el otro ovoidal. Sendas urnas albergaban en su interior restos de incineración. También aparecieron restos de ánforas y lucernas.


La tumba nº3 se situó en la ladera del cerro a unos 40 metros al oeste de las anteriores. Era rectangular y mantenía la misma dirección que la nº2. Tuvo unas dimensiones de unos 3,80 m por 2,50 m. y su destrucción casi inmediata no dio tiempo a efectuar dibujo alguno. De su interior pudieron salvarse una bellísima urna de alabastro con restos de incineración y parte de otra.

Los hipogeos mencionados en este post, son los que se conocen al oeste de la carretera MA-103 que sube hacia Algarrobo; pero con casi toda seguridad no fueron los únicos. Y es que la rapidez y el secretismo con que se trabajó en estos desmontes, propició el desconocimiento de muchas otras.


domingo, 25 de abril de 2010

EL HIPOGEO 4 DE TRAYAMAR




El hipogeo nº 4 de Trayamar, quedaba en una pequeña colina situada muy cerca de la conocida cuesta de las Palmas.
Esta cámara funeraria quedó al descubierto tras unas obras de abancalamiento, allá por el mes de noviembre de 1967, y fue excavada y estudiada por un periodo de 12 días. Lamentablemente, los trabajos de desmonte continuaron y la tumba se destruyó en febrero de 1968, perdiéndose para siempre la tumba de mayor dimensiones del complejo de Trayamar.
La cámara medía en su interior 3,90 m. de largo y 2,90 m. de ancho. El suelo estaba formado por losas de variados tamaños y formas (cuadradas y rectangulares) bien cortadas y encajadas sobre las que se alzaban las cuatro paredes del hipogeo, realizadas con sillares de caliza y cuya parte inferior se encontró en muy buen estado de conservación. Las tres hileras irregulares de sillares que configuraban los paramentos de la tumba, alcanzaban una altura de 1,30 m. Al igual que la tumba nº1 tratada ya en un post anterior, se pudo constatar también en la tumba nº4 la alternancia de los sillares a soga y tizón, si bien no con la regularidad observada en la primera. También cabe destacar que la longitud de los sillares colocados a soga era desigual. Especialmente característico es el uso de bloques ligeramente trapezoidales y delgados colocados a tizón.
Poseía también, una cuarta hilera de sillares donde se realizaron hornacinas para las vigas de madera de la techumbre. Sobre los muros oeste y este realizaron dos frontones de sillares irregulares y poco cuidados en su acabado para sostener el techo.
La entrada a la tumba se realizaba por su cara este, mediante una puerta de 1,67 m. de altura y 1 m. de anchura.
En la cuarta hilera de los muros norte, sur y oeste, se realizaron unos pequeños nichos. En el de la pared norte se encontró una plaquita de marfil con perforaciones que debió formar parte de una cajita del mismo material. El de la pared sur se encontraba vacío y en el del muro oeste habían dos jarritas de boca trilobulada y una con boca de seta; finalmente, una fíbula (imperdible) con doble resorte.
Los arqueólogos que estudiaron el hipogeo determinaron dos fases de enterramientos:
Una primera de incineraciones, de la que se pudieron extraer varias cuentas pertenecientes a un collar de oro, un anillo de bronce, un ánfora, varios oinochoes y una lucerna de dos picos.
Después de un largo periodo sin ser utilizada, se realizaron dos o tres inhumaciones con un rico ajuar asociado, en el que cabe destacar:
Un colgante de forma cónica, varias cuentas y un medallón ricamente labrado con un tema egiptizante. Un anillo de oro, dos ánforas, varios oinochoes y fragmentos de platos.
Actualmente las piezas del ajuar funerario se encuentran en el fondo del Museo Arqueológico de Málaga